INTRODUCCION. Todo lo que se puede aprender en la vida, se puede aprender en un partido de fútbol. (Albert Camus.Premio Nobel de Literatura). | MAPA |
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ENCUESTA

ENCUESTA

¿Cuales son la principales cualidades que ha de tener un entrenador ? (Elegir las 5 que se crean más importantes)

 Ser un Líder

 Tener Vocación

 Ser Ambicioso

 Saber Motivar

 Ser Comunicativo

 Tener Autocontrol

 Ser Optimista

 Saber Organizar

 Tener Decisión

 Ser Exigente

 Ser Extrovertido

 Tener Sentido del Humor

 Ser Observador

 Tener Muchos Conocimientos

 Tener Mucha Experiencia

 Ser Creíble

 Ser Muy Trabajador

 Tener Personalidad

 Saber Improvisar

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"Por la ruta del asfalto"

(Correr es una forma de sentirse libre.

No dependes de nadie, sólo de ti mismo. Si te paras no llegas)

Por:Paco Arias  

Técnico Deportivo Superior.

Entrenador Nacional de Fútbol.

Entrenador Personal.

Preparador Físico.

Especialista en Psicología del Deporte.

Profesor de Enseñanza Deportiva a Distancia.

Asesor Físico y Deportivo.

 

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franalvarez02@hotmail.com

Artículos y otros Escritos.

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Correr y algunos consejos relacionados.

 

Si alguien está tan alto de peso, que le cuesta excesivamente ponerse a correr, debería de saber en ese caso, que siempre es mejor caminar, ya habrá tiempo en el futuro para ir más rápido. Esto sucede de la misma forma que a la hora de comer, no se empieza por el yogur y se termina por la sopa, todo lleva un orden lógico.

 

Una buena forma de evitar la rutina cuando se corre, es cambiar con relativa frecuencia el recorrido que se hace, y si no existe la posibilidad de modificar el circuito habitual, al menos, hay que procurar hacer variantes del mismo, simplemente, se trata de ejercitar un poco la imaginación y seguro que surgen nuevas alternativas que permiten el mayor disfrute posible de la actividad física que se realiza.

 

No cabe duda alguna que quien hace deporte con relativa frecuencia, aunque tan solo sea a nivel aficionado, es decir, si entrar en diverso tipo de competiciones, tiene que tomarse muy en serio las lesiones, y en ocasiones no queda más remedio que parar. Sin embargo, en algunas ocasiones no hay que confundirlas con los lamentos de las piernas, que en determinados momentos son un poquitín quejicas con respecto al dolor (puede que las tengamos algo mal acostumbradas) y en este sentido, no hay que hacerles demasiado caso y seguir adelante. Lo que en el kilómetro 5 era un músculo dolorido que crujía a cada paso y pedía casi a gritos parar, en el kilómetro 10, se quedó en una simple molestia, y en el 15, ya ni se acuerda uno que hubo algún momento de dolor.

 

Si se corre durante un día excesivamente caluroso, y se llevan ya varios kilómetros recorridos, es muy probable que los ojos empiecen a picar ¡tranquilos! el nervio óptico está perfecto, a la vista no le ocurre nada, tan solo es la sal del sudor que deslizándose por la frente ha penetrado en la orbita ocular irritando el ojo, nada que con un poco de agua limpia y fresca no pueda solucionarse, aunque si lo que se hace es frotar los ojos de formas compulsiva, al final lo único que se logrará es acabar con ellos totalmente irritados.

 

Por muy grande que sea la distancia recorrida un determinado día, incluso cuando se mejora la propia marca personal, y por muy extenuado que se pueda llegar al final del trayecto, el pensamiento que debe de estar siempre presente, aunque no sea de forma inmediata (hay veces que uno termina tan cansado, que piensa en que jamás volverá a correr, afortunadamente eso dura muy poco tiempo), es meterse en la cabeza, el objetivo de mejorar para la próxima vez la marca conseguida, aunque tan solo sea recorrer un metro más.

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Algunas reflexiones sobre carreras y corredores.

 

Correr es como vivir, más bien, es la vida misma para quien lo hace habitualmente y lo ha incluido en su rutina diaria, integrándolo en ella de tal forma, que adquiere la misma importancia que dormir, comer o incluso ir al baño. La existencia y la carrera, tienen muchas cosas coincidentes, y quizás una de las más habituales que se pueden experimentar, es algo tan simple como  darse cuenta de que si te paras no avanzas, aunque hay momentos en los que apetece más quedarse quieto que seguir adelante y no queda más remedio que vencer a ese pensamiento que te frena, siempre es el objetivo a conseguir en la vida y en el deporte.

 

Creo que existen muchos adjetivos para poder calificar determinadas características de una persona que le gusta correr largas distancias y que no lo hace por afán competitivo, simplemente por que le gusta, más allá de otras motivaciones y de los beneficios físicos y mentales que la actividad pueda reportarle. Existe sin embargo una palabra clave que es entusiasmo, y si un día se pierde, se esfumará también la capacidad para correr, y no me refiero a realizar una gran cantidad de kilómetros, simplemente tan solo uno, ya que sin el elemento citado anteriormente, correr puede convertirse en algo tortuoso, agobiante y carente de toda motivación.

 

Una de las muchas cosas importantes que se aprende cuando se corre con asiduidad, es que, hay que saber educar correctamente a los músculos. Se debe ser exigente con ellos, pero sin llegar a la tiranía. Hay que obligarlos a dar su máximo rendimiento, pero sabiendo premiarlos con el descanso adecuado. Es como educar a un niño, la exigencia no está reñida con la tolerancia, pero sí, con la permisividad excesiva, que irremediablemente lleva a la dejadez y el conformismo, que al final, siempre son portadores de consecuencias negativas.

 

Llevo tantos años corriendo, que estoy absolutamente convencido de que mis piernas en todo ese tiempo, han adquirido personalidad propia, incluso creo que a veces tienen la independencia necesaria para moverse por sí solas y llevarme a donde quiero, sin que yo tenga que hacer excesivo esfuerzo para pensar donde está la meta. En todo caso, sí estoy seguro, de que mis combativas y sufridas extremidades inferiores, tienen memoria y se acuerdan perfectamente, de los sitios por donde pasamos cuando vuelvo a repetir un determinado recorrido o circuito, y eso hace que se transformen en un mecanismo autómata, que trabaja a mi servicio de forma disciplinada, en cierto modo, vienen a ser una especie de piloto automático semejante al utilizado en los aviones.

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                                                                  El camino del corredor de fondo.

 

Correr una larga distancia supone la mayoría de las veces, un sufrimiento para quien lo realiza. No obstante, llega un momento, en el que, con la practica continuada se consigue superar, y el organismo se adapta de forma disciplinada al esfuerzo que se debe de realizar. El cuerpo y la mente se ponen de acuerdo actuando al mismo tiempo. Digamos que se sufre, pero de otra forma mucho más soportable.

 

Es indudable de que la disciplina mental de quien corre largas distancias con frecuencia, aumenta día a día, es como una fuerza interior, que como si fuera una goma, cada vez se va estirando un poco más, llegando a límites insospechados, para lograr los objetivos propuestos, en forma de distancia recorrida. Algo impensable en el inicio de la actividad, y que con el paso del tiempo se acaba logrando a base de mucha constancia.

 

No resulta raro, que cuando ya han transcurrido bastantes kilómetros desde el inicio de la carrera, el cansancio comience a pasar factura, y el entusiasmo del principio, se transforme en ocasiones, en un auténtico lastre provocado por el agotamiento que se apodera del organismo y lo invita, más bien casi le obliga, a parar. Y es que hay días, en los cuales, sin saber la causa exacta, el cuerpo se ha convertido como por arte de magia, en un pesado baúl, en una especie de bulto sospechoso, que a duras penas se consigue hacer avanzar muy lentamente, aunque tan solo sea un metro. Es como tener la sensación, de que al ir tan despacio, incluso una pequeña tortuga podría pasar a tu lado a toda pastilla y adelantarte.

 

Resulta también interesante observar, la cantidad de cosas nuevas que se pueden aprender cada día que uno va a correr, es como si el ejercicio, pusiera al cerebro en alerta despertándolo de forma contundente, sobre todo, en momentos en que parece estar completamente aletargado, más bien desenchufado, y lo hace entrar en una especie de frenética actividad para que desarrolle una provechosa capacidad creativa que favorece enormemente tu comprensión de las cosas, lo que te permite verlas con mucha más claridad, al menos algunas de ellas, que parecían estar en la penumbra y cuyo conocimiento se te resistía.

 

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                                                                             La zancada imparable.

 

Al que le guste correr y decida empezar a hacerlo con relativa frecuencia, debe de tener siempre en cuenta, que el cuerpo aprende con la práctica, es decir, para que entienda el mensaje que el cerebro le transmite, primero hay que hacerlo sufrir un poco, que se vaya adaptando al sacrificio, pero siempre de forma progresiva, de menos a más, lo que en preparación física se conoce como crecimiento paulatino del esfuerzo.

 

No todos los días se tiene el estímulo necesario para salir a devorar el asfalto, sin embargo, hay ocasiones en las que te sientes tan bien, que solo te apetece correr y correr, avanzar impulsando sin parar tus piernas hacia adelante.

 

Las razones por las que una persona, se dedica a correr por amor al arte, es decir, sin dedicarse a ello, de una forma más o menos profesional, y se mete entre pecho y espalda, una cantidad considerable de kilómetros, pueden ser varias. La mayoría de ellas, están relacionadas con la salud física y psíquica, con independencia de otras motivaciones personales, que serán diferentes en cada caso particular, aunque al final todo se simplifica expresando un único deseo:

¡Tener unas ganas enormes de correr todos los días!

 

La verdad es que, tampoco hace falta pararse mucho a pensar cuales son los motivos reales, lo que realmente cuenta es la sana intención de realizar una actividad física, en este caso la carrera.

 

Quien no siente el placer por correr, y mucho menos, de hacerlo realizando largas distancias, es muy probable, que no comprenda muy bien, que alguien disfrute corriendo de esa forma, con el esfuerzo y el sufrimiento que ello supone, de ahí que se pueda pensar, quizás con un punto de razón, que quienes lo hacen, puedan ser considerados personas un poco raras, aunque la verdad a los que corremos con frecuencia tampoco es algo que nos deba preocupar lo más mínimo, en el fondo hacemos algo que nos gusta, y eso es lo único que importa.

 

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Corriendo y viviendo.

 

Que en muchas ocasiones, la vida no es justa, es algo que resulta evidente, y sin entrar en demasiados detalles, solo hay que ver el esfuerzo tan grande, que algunas personas tienen que realizar para alcanzar determinados objetivos, que en el peor de los casos no llegan a lograr a pesar del sacrificio realizado, y lo fácil sin embargo, que para conseguir el mismo fin, les supone a otras. Si esto lo trasladamos a la carrera, sucede igual, hay quien corre 20 kilómetros por poner un ejemplo, con relativa facilidad (aunque en menor o mayor grado, siempre se sufre). Por el contrario, para otros recorrer una cuarta parte de la distancia anteriormente indicada, se convierte en una auténtica tortura.

 

Las cuestas en la carrera, son como las malas noticias en la vida, unas son muy duras de asumir, dando a veces la impresión de ser imposible poder asimilarlas, y otras son más asequibles, pero al final, si uno quiere llegar a su objetivo final (la meta para el corredor, y continuar viviendo para el ser humano), no queda más remedio que superarlas y seguir adelante, aunque sea una ardua tarea.

 

El hecho de correr, y más para quien lo hace de forma habitual (incluso todos los días), y disfruta devorando metro tras metro, se transforma en algo vital, es como seguir diariamente un ritual sagrado, que sirve de estimulante físico y sobre todo mental.

 

El corredor de resistencia y el cansancio, a fuerza de encontrarse con tanta frecuencia, acaban por hacerse grandes amigos, son de esa clase de amistades que se inician sin que al principio exista mucha conexión, incluso en casos más graves, sin que uno y otro puedan soportarse, pero al final, cosas de la vida, se convierte en una relación de dos que se hacen inseparables y ya no pueden vivir el uno sin el otro.

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A propósito de correr.

 

Una de las primeras cosas que hay que saber cuando uno se decide empezar a correr, es que el dolor, más tarde o más temprano va a hacer acto de presencia, y esto es inevitable, pero sufrir ese dolor, es algo opcional, que cada cual, ha de decidir si está dispuesto a soportar, y no todos están en condiciones físicas y sobre todo mentales para poder hacerlo.

 

Correr es estupendo para la salud, tanto a nivel físico como mental, pero quien no lo ha hecho nunca, tiene que evitar, sobre todo al principio, el exceso de euforia (el empalme del corredor novato), que equivocadamente le lleve a tratar de recorrer más kilómetros de los que el cuerpo es capaz de soportar. El organismo necesitar siempre un período de adaptación. Esto es lo mismo, que si uno en su primera cita, tiene como único objetivo y permanente obsesión acostarse con la chica de turno, está muy bien eso de ser ambicioso, pero en muchas ocasiones es mejor es ir poco a poco y despacito, para después obtener los mejores resultados, así que ¡tranquilo chaval que hay más días!, pues corriendo, sucede igual.

 

Si eres un corredor aficionado (como la gran mayoría de los que salen a hacer deporte por parques, circuitos urbanos y alrededores de las ciudades), de esos que buscan tener una vida saludable y mantener el cuerpo y la cabeza en forma, no debe de importarte en absoluto, los que corren más rápido que tú, y te adelantan en plena carrera. Algunos incluso con un gesto de chulería (afortunadamente son los menos) ¡qué patéticos me parecen!

Recuerda, que no compites contra nadie, y en todo caso, si buscas una motivación que te estimule, hazlo contra ti mismo y trata de superarte día a día.

 

Cuando corres dependes del estado de tus músculos, así que, hay que procurar siempre tratarlos bien, con la mayor delicadeza posible, hay que preocuparse por ellos, y de vez en cuando hablarles con cariño, seguro que lo agradecerán (¡ellos también tienen su corazoncito!), y tú también le estarás agradecido a ellos, para que nunca te dejen tirado (calambres, agarrotamientos, contracturas….)

 

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